Yo soy lo que digo ser

DELIRIOS DE LA VIDA COTIDIANA. X Jornadas EOL Sección La Plata 28 de octubre. Trabajo Libre

Verónica Di Batista

En el “Discurso de clausura del Congreso de la AMP La mujer no existe”, J.-A. Miller afirma que el discurso de la época promueve la progresiva des-patologización en pos del derecho a estilos de vida libremente elegidos, aludiendo al sujeto contemporáneo de pleno derecho al que se dirigen los discursos homogeneizantes que versan sobre el bienestar y se afirman en el concepto de individuos dueños de sí mismos imponiéndose una universalidad de derechos que iguala a los sujetos, bajo la creencia de que soy lo que digo ser.
Estos discursos muestran su potencia arrasando subjetividades bajo la egida del para todos de la biopolítica, como dice Eric Laurent, (1) el reverso de la biopolítica es una escritura para el goce. Lo que nos permite afirmar que en el concepto mismo de biopolítica, este, el goce, no es tenido en cuenta.
La imposibilidad fáctica y estructura delirante de estos saberes mágicos que prometen felicidad y bienestar, se muestra cuando en los consultorios recibimos sujetos que, habiendo mordido el anzuelo de dicha oferta, padecen y encuentran alivio al ser escuchados en su singularidad y en el mejor de los casos hacen un síntoma.
Es así como en las entrevistas, despliegan ese derrotero de búsqueda de soluciones universales, a sus problemáticas particulares, sin lograr ningún resultado duradero. Habiendo tapado el sufrimiento capa por capa con saberes que abonan su propio extravío en la ficción de sentido gozado que sostiene el fantasma.
Podemos pensar que nos encontramos con dos niveles de elaboraciones de saber, el delirio de la promesa de felicidad a nivel de los discursos totalizantes y, el delirio como ficción fantasmática de los sujetos que creen en estos.
Es decir, y este es el punto que intento transmitir, la elaboración delirante de la creencia en el yo como unidad, tarde o temprano enloquece.
En el Seminario 19 (2) Lacan afirma que se trata en el psicoanálisis de elevar la impotencia que da razón al fantasma a la imposibilidad lógica, que encarna lo real.
Es evidente que esta última es la que aparece negada por los discursos de la biopolítica.

Una viñeta:
S. de 23 años, se encuentra cercado por enunciados familiares asentados en ideales de individualismo donde frases como “éxito o nada” y “solo ganan los que llegan primero” son eje de conversaciones y discusiones. Dice que lo único que no quiere es “ser un perdedor”. Consulta en el momento en que su novia lo deja, cansada de sus malos tratos y desaires.
Sabe que ella esta con alguien y entra en angustia y desesperación: “ahora tiene con quien compararme”. Esto lo enloquece. Llegó primero, pero perdió, algo de su impostura yoica cayó.
“Soy una caquita descartable y reemplazable” posición fantasmática desde donde se empuja a una compensación siempre fallida. No puede parar de pensar en cuantos títulos más va a adquirir para ser el mejor, que celular último modelo va a comprar, ahorra y cuando llega hay otro mejor para el que no le alcanza el dinero, se desespera por su patetismo y se deprime y decepciona, nunca le alcanza, siempre le falta. Fantasma que se asienta en la creencia impuesta por el discurso familiar que lo hace delirar en el sinsentido del sentido gozado.
Estando en análisis, decide –para equipararse con su ex–, empezar a verse con una chica, y es ahí donde un síntoma, la impotencia sexual, hace su aparición y le denota que para desear hay que perder algo. Poniendo en jaque todas las maniobras de compensación yoica que supo llevar adelante hasta el momento.
Su ficción, su pequeño delirio apoyado en la creencia familiar, comienza a caer a partir de un síntoma que lo impotentiza.
Es el síntoma el que hace tope a la ficción del fantasma. Toda esa construcción negando o recubriendo la imposibilidad de la relación sexual, se puede leer como el delirio que dio sentido a su ser.
En esta misma dirección Eric Laurent, (3) dice que la frase de Lacan “todo el mundo delira” no significa que todo el mundo es psicótico y la psicosis ordinaria no quiere decir tampoco que lo ordinario es que todo el mundo es psicótico. Afirma que, en la experiencia, en el punto más fundamental de un análisis, se aíslan elementos de singularidad máxima, que ponen en peligro todas las clasificaciones del discurso del amo.
Y más adelante sugiere que tendremos que explorar la actualización de los delirios de normalidad en su intención de reabsorber lo irreductible del síntoma.
Entonces, esta maniobra de cualquier parlêtre de intentar reabsorber lo irreductible, es lo que podría llamarse delirios de la vida cotidiana.

Notas
(1) Laurent, E.: El reverso de la biopolítica, Grama, Buenos Aires, 2016.
(2) Lacan, J.: El Seminario, libro 19…o peor, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 239.
(3) Laurent, E.: El sentimiento delirante de la vida, Colección Diva, Buenos Aires, 2011, p. 98 y 102.